Tráfico de animales exóticos desborda un zoológico
El tráfico de animales exóticos está aumentando la presión sobre el Zoológico Nacional de Santo Domingo, institución que recibe cocodrilos, flamencos, reptiles y otros ejemplares confiscados por las autoridades de República Dominicana.
Durante 2025 fueron decomisados 188 animales, frente a 30 en 2023, según cifras oficiales recogidas en un reportaje de The Associated Press. El incremento obliga al zoológico a destinar más espacios, alimento y personal a individuos que no siempre pueden regresar inmediatamente a la naturaleza.
El tráfico de animales exóticos deja consecuencias duraderas
Una incautación puede parecer el final de un caso, pero para los equipos de conservación suele ser apenas el comienzo. Cada animal debe ser identificado, examinado y colocado en condiciones compatibles con su especie.
Los ejemplares decomisados pueden llegar con dietas inadecuadas, lesiones, enfermedades o alteraciones de conducta provocadas por el cautiverio. También pueden haber estado expuestos a organismos que representarían un riesgo para poblaciones silvestres si fueran liberados sin evaluación.
Por esta razón, los veterinarios realizan pruebas y mantienen periodos de observación antes de decidir si un animal puede regresar a su hábitat. Otros deben permanecer bajo cuidado humano porque perdieron habilidades para sobrevivir, fueron sometidos a modificaciones físicas o pertenecen a especies que no son nativas del país.
La situación se vuelve especialmente compleja con animales territoriales. AP señaló que los cocodrilos confiscados necesitan recintos individuales, lo que multiplica el espacio y los recursos requeridos.
Flamencos convertidos en adornos de jardines
Los flamencos figuran entre las aves rescatadas con mayor frecuencia. Algunos son retirados de su ambiente natural para ser exhibidos en hoteles, jardines y propiedades privadas.
El zoológico ha recibido ejemplares con una coloración muy pálida después de haber sido alimentados principalmente con pan blanco. En libertad, los pigmentos presentes en algas y pequeños crustáceos contribuyen al característico tono rosado de estas aves.
Durante la rehabilitación, los especialistas proporcionan una dieta apropiada que puede incluir alimento formulado y vegetales. El proceso puede prolongarse durante meses antes de que los equipos determinen si un flamenco está preparado para ser liberado.
La extracción de una sola ave tiene consecuencias que van más allá del individuo. Puede interrumpir grupos sociales, alterar dinámicas reproductivas y fomentar una cadena comercial en la que nuevos animales son capturados para reemplazar a los que mueren o son decomisados.
AP también informó que algunas personas dañan las alas de los flamencos para impedir que vuelen. Esta práctica reduce seriamente sus posibilidades de regresar a la naturaleza y evidencia que mantener fauna silvestre como decoración no es una actividad inofensiva.
Cocodrilos y otros animales necesitan atención especializada
Los cocodrilos plantean un reto diferente. Son animales fuertes, territoriales y potencialmente peligrosos, por lo que su manejo requiere instalaciones seguras y personal capacitado.
El Zoológico Nacional de Santo Domingo desarrolla actividades educativas sobre el cocodrilo americano, cuyo nombre científico es Crocodylus acutus. La propia institución explica que se trata de una especie nativa con un papel ecológico importante en los ecosistemas acuáticos.

Cuando uno de estos reptiles ha vivido como mascota, liberarlo no consiste simplemente en abrir una jaula. Los especialistas deben comprobar su origen, estado sanitario, capacidad para alimentarse y compatibilidad genética con la población del lugar donde podría ser reintroducido.
La reubicación de animales grandes también exige transporte y adaptación. La historia de Benito, la jirafa trasladada a Africam Safari, mostró que mover a un animal de gran tamaño requiere un vehículo adecuado, planificación veterinaria y un recinto preparado para recibirlo.
Una prohibición para proteger a los animales y al público
El Ministerio de Medio Ambiente de República Dominicana prohibió la exhibición de fauna silvestre y exótica en playas, ríos, parques y otros espacios públicos con fines recreativos o de entretenimiento.
La resolución anunciada por el ministerio busca reducir riesgos para el bienestar animal, la seguridad de las personas y la conservación de las especies. La medida también permite intervenir ante exhibiciones en las que los animales son manipulados para fotografías o mantenidos en condiciones incompatibles con sus necesidades.
Sin embargo, las prohibiciones necesitan ir acompañadas de vigilancia, educación y alternativas para la entrega voluntaria. Una persona que ya posee un animal exótico puede ocultarlo si teme una sanción, lo que dificulta que reciba atención adecuada.
Los centros de rescate también necesitan financiación estable. Confiscar cada vez más ejemplares sin ampliar los recursos disponibles puede trasladar el problema desde una vivienda privada hasta instalaciones públicas saturadas.
El zoológico ofrece refugio, pero no puede resolverlo solo
El zoológico cumple una función indispensable al recibir animales que no tienen otro destino inmediato. De acuerdo con su descripción institucional, sus objetivos incluyen educación, investigación y preservación de la fauna nacional.
Aun así, aumentar indefinidamente la capacidad de cautiverio no resolverá el tráfico de animales exóticos. La respuesta también requiere controlar puntos de entrada, investigar redes de venta, reducir la demanda y explicar por qué una especie silvestre no debe tratarse como una mascota convencional.
Existen además diferencias entre una persona que rescata temporalmente un animal herido y alguien que lo captura para exhibirlo o comercializarlo. Las autoridades deben evaluar cada caso sin perder de vista el objetivo principal: proteger al ejemplar y evitar que la extracción se repita.
La intervención ciudadana puede resultar decisiva. Un caso previo publicado por Diario de Animales sobre el rescate de perros de un criadero clandestino demostró cómo una alerta puede ayudar a las autoridades a detectar condiciones incompatibles con el bienestar animal.
Para el Zoológico Nacional de Santo Domingo, cada nuevo ingreso representa una vida protegida, pero también un recordatorio de que la conservación comienza antes del decomiso, cuando una persona decide no comprar, capturar ni exhibir fauna silvestre.