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Ballena franca del Atlántico Norte: tecnología clave

La ballena franca del Atlántico Norte está siendo seguida con una combinación cada vez más sofisticada de micrófonos submarinos, drones, barcos, aeronaves, vehículos no tripulados y satélites. NOAA detalló en agosto de 2026 cómo estas tecnologías permiten detectar a las ballenas y reducir algunos riesgos mientras se alimentan en aguas del noreste de Estados Unidos.

El esfuerzo llega después de una temporada reproductiva en la que se documentaron 23 parejas de madres y crías. NOAA estima actualmente una población de alrededor de 380 ballenas francas del Atlántico Norte, entre ellas aproximadamente 70 hembras reproductivamente activas.

Ballena franca del Atlántico Norte bajo escucha

Una pieza central del sistema son los dispositivos de acústica pasiva. Boyas y planeadores autónomos pueden escuchar las vocalizaciones de las ballenas y, en algunos casos, transmitir detecciones casi en tiempo real, lo que ayuda a alertar sobre su presencia sin tener que localizar visualmente cada ejemplar.

Una boya fondeada cerca de Martha’s Vineyard detectó ballenas en 15 días distintos durante su primer mes de operación. Otro sistema en Cape Cod Bay registró detecciones durante la mayoría de los días comprendidos entre el 20 de noviembre de 2025 y el 4 de mayo de 2026.

Los planeadores pueden cubrir áreas mucho mayores. Uno de ellos recorrió más de 1.500 millas entre octubre de 2025 y febrero de 2026, mientras una red de más de 50 hidrófonos instalados en el fondo marino recopila información de largo plazo en el noreste y el Atlántico medio.

De una llamada submarina a una alerta para barcos

Las detecciones acústicas pueden contribuir a establecer zonas voluntarias de reducción de velocidad cuando aparecen ballenas fuera de determinadas áreas protegidas estacionales. NOAA pide a los navegantes que eviten esas zonas o reduzcan la velocidad a 10 nudos o menos cuando están activas.

Esta información resulta especialmente valiosa de noche o cuando las condiciones meteorológicas dificultan los vuelos de observación. Al ser una técnica pasiva, también permite recopilar datos sin perseguir ni manipular a los animales.

La acústica tiene límites. Las llamadas no permiten identificar siempre a un ejemplar concreto y las madres acompañadas por crías suelen ser relativamente silenciosas, por lo que los investigadores combinan el sonido con estudios aéreos, barcos, drones y otros sistemas.

Equipo de NOAA trabajando cerca de una ballena franca enredada
Una operación de desenredo de NOAA ilustra uno de los riesgos que enfrenta la especie. Imagen de archivo. NOAA Photo Library / Wikimedia Commons

Enredos y barcos siguen siendo amenazas decisivas

La mejora en el número estimado de animales no significa que la especie esté fuera de peligro. NOAA continúa identificando los enredos en artes de pesca y las colisiones con embarcaciones entre las principales causas de lesiones graves y mortalidad asociadas a la actividad humana.

La preocupación tiene antecedentes visibles para los lectores de la costa este. Diario de Animales informó en 2024 sobre el hallazgo de una ballena franca muerta frente a Massachusetts, en un momento en que cada pérdida resulta relevante para una población tan reducida.

Más crías, pero todavía una recuperación frágil

Los aproximadamente 380 ejemplares estimados representan una mejora frente a años recientes, y NOAA señala varios años consecutivos con signos positivos en la abundancia. Sin embargo, una población de ese tamaño sigue siendo extraordinariamente vulnerable a muertes evitables, cambios ambientales y una reproducción insuficiente.

Las 23 crías documentadas en la temporada 2025-2026 ofrecen una señal alentadora. El desafío ahora es aumentar la supervivencia de madres, crías y adultos, y la combinación de acústica, observación aérea y sistemas autónomos se está convirtiendo en una herramienta central para saber dónde están las ballenas antes de que se produzca un encuentro peligroso.

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