Rescates

Refugio de animales en Líbano resiste a la guerra

El refugio de animales en Líbano dirigido por Houssein Hamze se ha convertido en una última línea de protección para perros, caballos, camellos, aves y otros animales afectados por la guerra. El 28 de julio de 2026, un reportaje publicado por The Guardian mostró cómo este rescatista permaneció en el sur del país mientras gran parte de la población buscaba refugio lejos de los ataques.

En Mashala Shelter, el sonido de los ladridos se mezcla con el movimiento de gallinas, gansos, caballos y dos camellos rescatados. Detrás de esa comunidad animal está la historia de un hombre que, dos décadas atrás, tomó una decisión que cambiaría su vida: proteger a los animales después de que uno de ellos lo salvara.

El refugio de animales en Líbano que nació por un perro

La historia de Mashala Shelter comenzó durante la guerra de 2006 entre Israel y Hezbollah. Hamze dormía en su vivienda cuando un perro que había rescatado comenzó a ladrar de manera insistente. Se levantó para averiguar qué ocurría y, poco después, una bomba impactó cerca de la habitación donde había estado acostado.

El propio refugio explica en su historia oficial que aquel episodio llevó a Hamze a prometer que dedicaría su vida a proteger animales, del mismo modo en que aquel perro lo había protegido a él. Desde entonces ha atendido a ejemplares callejeros, abandonados o heridos en el sur de Líbano.

Con el tiempo, esa promesa se convirtió en Mashala Shelter, un espacio instalado en una zona rural próxima a Nabatiyeh. Durante los periodos de relativa calma, el refugio recibe principalmente perros sin hogar y animales que necesitan cuidados. Cuando regresa la violencia, su función cambia: se transforma en un centro de alimentación y acogida para animales que quedaron solos en pueblos evacuados.

La trayectoria recuerda que muchos proyectos de protección animal nacen de iniciativas personales y crecen con recursos limitados. En Diario de Animales, historias como el rescate de 55 perros de un criadero ilegal en Colombia también muestran que salvar animales requiere coordinación, espacio seguro, alimento y atención veterinaria posterior.

Más de 200 animales bajo el mismo techo

La cifra de animales atendidos por Hamze aumentó durante el conflicto iniciado en marzo de 2026. Una cobertura de The Associated Press desde Kfaroue documentó decenas de perros reunidos alrededor del rescatista mientras distribuía trozos de pollo con una carretilla y llevaba agua a recintos ocupados por aves y camellos.

Algunos perros llegaron con heridas o extremidades perdidas. Otros fueron entregados después de que sus familias tuvieran que marcharse precipitadamente. También hubo animales cuyos responsables murieron durante ataques aéreos, según el reporte de AP.

The Guardian situó en alrededor de 200 el número de perros que vivían en la propiedad a finales de julio, además de caballos, gallinas, gansos, cuervos y dos camellos llamados Jamoola y Jamool. Cerca de 50 perros habrían llegado por su cuenta durante la guerra, atraídos por la posibilidad de encontrar comida y agua.

Houssein Hamze abraza a una camella protegida por Mashala Shelter en el sur de Líbano
Houssein Hamze abraza a una de las camellas que viven en Mashala Shelter. Fuente: The Guardian. Fotografía: Oliver Marsden.

La diversidad de especies convierte el cuidado diario en un desafío. Un perro, un caballo y un camello no necesitan el mismo alimento, espacio ni manejo. A esto se suman las curaciones, la limpieza de los recintos, el control de parásitos y el mantenimiento de una propiedad donde los daños pueden dejar sin agua o protección a numerosos animales.

Traslados como el de Benito, la jirafa que inició una nueva vida en Africam Safari, evidencian además que reubicar animales grandes exige transporte especializado y una adaptación cuidadosamente planificada. En una zona afectada por la guerra, conseguir vehículos, combustible y rutas seguras puede ser todavía más complicado.

Alimentar y rescatar entre bombardeos

Durante los momentos más peligrosos, Hamze recorría distintos pueblos en un vehículo deteriorado para dejar comida y agua. De acuerdo con The Guardian, colocó el nombre de Mashala Shelter sobre el techo del automóvil con la esperanza de que pudiera ser identificado como trabajador de rescate mientras circulaba bajo la presencia de drones.

Su rutina incluía cargar recipientes de agua hasta lugares alejados y liberar animales que habían quedado atados. En varias ocasiones, los ataques alcanzaron edificios próximos a los puntos donde trabajaba. Pese al riesgo, continuó porque temía que, si dejaba de acudir, los animales no tendrían otra fuente de alimento.

Antes de una posible emergencia mayor, Hamze envió ocho burros a un refugio de Beirut. Consideraba que los perros podían tener alguna posibilidad de desplazarse o buscar recursos, mientras que los burros confinados dependerían completamente de la ayuda humana. Los camellos y los caballos permanecieron con él porque no contaba con un vehículo apropiado para transportarlos.

La exposición a explosiones, desplazamientos y pérdida de sus cuidadores también puede afectar la conducta de los perros. Algunos pueden esconderse, temblar, evitar el contacto o reaccionar ante ruidos repentinos. La guía de Diario de Animales sobre cómo ayudar a un perro que siente miedo recuerda la importancia de ofrecer un espacio seguro y evitar castigos. Cuando el temor es intenso o persistente, debe consultarse a un veterinario o especialista en comportamiento animal.

La crisis no termina cuando callan las armas

Un alto el fuego alcanzado en junio redujo buena parte de los combates, pero no eliminó las necesidades del refugio. Hamze contó que, con el regreso de familias desplazadas, comenzó a recibir centenares de mensajes y solicitudes relacionadas con animales encontrados, heridos o abandonados.

Al mismo tiempo, la atención internacional disminuyó. Los videos del rescatista alimentando perros bajo los drones habían generado apoyo en redes sociales, pero las donaciones comenzaron a descender cuando la guerra dejó de ocupar los principales titulares. La página oficial de Mashala Shelter señala que el proyecto no recibe financiación gubernamental estable y depende de contribuciones y del esfuerzo personal de su fundador.

AP informó que Hamze financió inicialmente el refugio con los ingresos de un negocio agrícola hasta agotar sus recursos. Durante 2026, el incremento de animales elevó el gasto en alimento, tratamientos y mantenimiento, mientras la incertidumbre también reducía las posibilidades de adopción.

Aun así, algunos perros encontraron hogar. Uno de ellos, un mestizo tipo pitbull cuyos responsables murieron en un ataque, fue adoptado por un residente de la zona. Es una excepción esperanzadora dentro de una realidad en la que muchos animales necesitan permanecer durante meses o años bajo la protección del refugio.

Una historia de compasión con preguntas difíciles

La historia de Mashala Shelter no debe interpretarse como una condena general contra quienes huyeron sin sus animales. Los reportes disponibles muestran que numerosas evacuaciones ocurrieron de forma repentina, que algunas familias no contaban con transporte y que otras murieron o quedaron separadas de sus comunidades. En una guerra, las decisiones pueden tomarse en cuestión de minutos, con información incompleta y recursos mínimos.

También es importante reconocer que la voluntad de un solo rescatista no sustituye la necesidad de planes públicos. Los protocolos de evacuación deberían contemplar mascotas y animales de granja, mientras los refugios necesitan rutas seguras, reservas de alimento, atención veterinaria, vehículos y redes capaces de asumir el trabajo si una persona resulta herida o debe abandonar la zona.

Hamze ha dicho que sueña con un futuro en el que su refugio deje de ser necesario. Hasta entonces, cada recorrido, recipiente de agua y saco de comida sostiene una comunidad de animales que no comprende las causas del conflicto, pero padece directamente sus consecuencias.

En medio de una región marcada por pérdidas humanas y desplazamientos, el refugio de animales en Líbano representa una forma silenciosa de resistencia: proteger la vida vulnerable incluso cuando hacerlo parece imposible.

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